Resurrección

La vela del candil alumbraba la estancia, una luz tenue… La clase de luz que invitaba a muchas cosas, entre todas a ver cenizas y descansar. Ella se encontraba pasando las páginas de aquel álbum rememorando desde una perspectiva diferente, la perspectiva del ahora porque ella ya vivía en el presente. Su presente, tiempo en el que nadie más tenía cabida.

Justo en ese momento le suena el teléfono… Un mensaje del pasado, un mensaje de esclavitud que no entendía que ya no compartían nada, un mensaje que le daba tanto asco como pereza, un mensaje de alguien incapaz de asumir la realidad para variar.

Es en ese momento cuando Marshal con una sonrisa cruel se manifiesta:- ¿No te parece maravilloso lo patético que puede ser alguien cuando no quiere asumir sus actos? ¿Cuando no entiende que fin es fin?-

Ella le mira de arriba abajo mientras hace un mohín con su rostro:– Innecesario la verdad, me parece absolutamente innecesario y una gran falta de respeto. Porque deja bien claro que nunca me ha respetado y que es incapaz de asumir que me he ido porque me elijo a mi antes que a nadie. Imagino que el ego de alguien que no es capaz de asumir las riendas de su vida, solo le permite seguir llorando por las esquinas entonando la melodía del lamento y la pena, creyendo que así encontrará algo… Y lo único que encuentra es la nada.-

Por primera vez en mucho tiempo, Marshal se incorpora de su asiento con cierto brillo de emoción en sus ojos.- Vaya… ¿donde quedó tu plan de mejora?.-

– Sigue en pie, por eso ya no tengo cadenas que me retengan. Por eso, no tengo que soportar los sueños de otros como si fuese mi realidad, por eso no espero limosnas. – Sentencia ella con mirada penetrante.

-Pero aquí estás hablando del tema…- Responde él con cierta esperanza en la mirada.

-No por mucho tiempo, se han acabado las salidas amistosas y solo queda extirpar el cáncer.- Se levanta y echa el álbum de fotos a la hoguera mientras no puede evitar sonrreir al verlo arder. Se siente alegre al comprobar que no queda nada del pasado que la retenga, se gira a Marshal con unos ojos voraces de vida.- Descansa en paz porque yo ya he renacido.- Realiza una reverencia y sale del lugar, libre, feliz y solitaria como la loba que era.

Mientras Marshal la ve irse por el cristal, mientras poco a poco desaparece consciente de que ella ha cambiado, ha crecido, no tiene miedo y sobretodo tiene claro lo que no quiere en su vida: frenos, personas con actitud de perro lastimero que se alimentan de su luz, no quiere sobras… Se quiere a ella y a nadie más. Así es como con una sonrisa, Marshal parte en paz de saber que jamás volverá a perder el tiempo con quién no se la merece.

Nota de la autora: He aquí la última entrada de este proyecto, Confesiones a Marshal tiene su fin pues el objetivo por el que nació ya se ha cumplido. Encontrarme a mi misma y ahora toca seguir mi camino sin que nadie pretenda seguirme desde las sombras, ahora toca ser libre y vivir de verdad. No dudéis en vivir porque el tiempo vuela y nadie merece perderlo en el pasado sino en el presente.

Ella es así.

Ella es así.

Fonética cortante.

Una aleación de wolframio, eléctrica.

Loba solitaria.

Hielo y fuego, en perfecta bipolaridad.

Cazadora de sombras.

Destello del mañana.

Sinapsis y aneurisma.

Caos y esperanza.

Cuchillo y herida.

Lágrimas de un fénix.

Bruja y hada.

Vacío celestial.

Metralla sin disparar.

Abismo con agua de cristal.

Reflejo en el que vivía.

Reflejo en el que vivió.

El cristal se había roto.

Solo quedaba el sendero de la luna.

La brisa fresca, el canto de las hojas.

La melena al viento.

Había roto su propio mito de la caverna.

No había cadenas.

Solo estaba el mundo.

Ella y el mundo.

Ella y las consecuencias.

Ella en todo su esplendor.

 

 

Autoterapia

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A estas alturas no pretendía engañar a nadie cuando sabía que vivía en un laberinto eterno, quizás con salida pero ella todavía no la conocía. En ese laberinto había muchas cosas, algunas efímeras y otras eternas. Ella caminaba por el laberinto, mirándose en el turbio reflejo del cristal del mismo pues hacía tiempo que no era nítido.

Así había pasado, años contemplando ese reflejo turbio con todos los atenuantes que habían ido surgido. Reflejo que cada vez pesaba más y por mucho que intentara limpiar el cristal seguía turbio porque no era problema de la lente sino de lo que reflejaba. Se había perdido en su camino en pro de fraguar una ilusión que solo tenía fin.

Claro que esta era su versión de la historia pero a fin de cuentas, en estos momentos era la que le importaba pues había pasado demasiado tiempo esperando conocer la otra parte, que le dieran algo donde agarrarse recibiendo conformismo o ausencia de respuesta.  Se aparta el pelo de la cara, recordando como comenzó todo. De la manera que ella no había querido pero que cedió por curiosidad aún cuando sabía que no eran ni las formas, ni el tiempo correcto. No pudo evitar recordar todas esas veces en las que se había sentido sola aún en compañía, las veces que no había entendimiento sino cesión que solo separaba más, las veces que habían banalizado lo que para ella era importante comportándose como un auténtico gilipollas y las otras tantas veces que cuál animal salvaje había tenido su momento de diva. La de tiempo gastado, cuando la base no estaba bien porque la habían acorralado para comenzar y eso, nunca, nunca podía acabar bien.

Una nueva jaula en el laberinto, con purpurina pero jaula a fin de cuentas. El continuo estrés y desazón, el debate eterno de sentirse forzada por hacer cumplir la realidad de otra persona y sus necesidades… No es que no fuese suficiente, ella necesitaba otro tipo de persona. Pero quiso soñar y soñó porque no avanzó, por más que pasó el tiempo no fue capaz de avanzar, se sentía atrapada en una especie de vida que no la identificada y frenada, una cadena holgada pero cadena que no le terminaba de permitir ser ella… por eso, no todo avanzaba como debería porque ella empezó no en su mejor momento, tampoco supieron entenderla ni verla porque a veces, menos es más.

Las de palabras al vacío, las de peticiones de espacio que solo servían para hacer más fuertes los barrotes de la jaula, sintiéndose no suficiente… ¿Vaya tontería, no? En aquel momento, no lo era.  Se sentía atrapada en el mundo de luz y color de otra persona que para nada brillaba con el suyo, un juego de luces y sombras que siguió adelante pese a más avisos que dio. El problema nunca estuvo mientras hablaba, el problema comenzó cuando empezó a callar y tampoco le prestaron atención.

Hasta que llegó el día, tomó la decisión cansada de que no se esforzaran por entenderla, aburrida de no ser suficiente que tomó la decisión y se marchó. Se marchó esperando una reacción, un destello de luz que le hiciera ver que estaba equivocada, pero no. No lo hubo, se encontró lo de siempre la inacción, el silencio que solo mataba, la falta de interés… la rutina, la rutina que los condenó junto con los cambios de conversación sin sentido, los ataques de egoismo al no entender que necesitaba su espacio porque no se lo estaba dando, el querer meterla en una realidad de manera artificial donde jamás se sintió amparada por él… La falta de entendimiento y de interés.

Allí fue, donde se apartó y volvió a su laberinto habitual no sin antes esperar unos instantes, una última esperanza de que reaccionase pero la reacción jamás apareció y ella siguió su camino porque lo entendió, había hecho lo correcto al poner fin porque había quedado clara una cosa, no era suficiente para él porque si así lo fuese, si de verdad le importase más que la comodidad de su costumbre habría hecho algo y no hizo nada. Realmente, sin saberlo le acababa de dar la paz eterna; había tomado la decisión correcta.

Fue al día siguiente y los días venideros que el reflejo, fue tomando su forma original. Ya era nítido. Bien es cierto que no tenía color porque no había terminado de resolver el laberinto y salir, pero su imagen estaba clara. Había entendido quién fue y quién no quería volver a ser… Ahora le tocaba decidir quién es.  No, no tenía miedo por primera vez en demasiado tiempo, de redescubrir y sentirse viva con sus reglas, a su manera.  No guardaba rencor, sino paz. Estaba en equilibrio y había tomado otra decisión:

“Dejaré mi mitad oscura en duermevela
Y a mi otra mitad la haré dueña y señora de mis fiestas
Amaneceré como una nueva versión de humano
Para compensar a este cuerpo poco y mal usado.”

 

Luciérnaga

Habitáculo complementado por gotele, ese había sido posiblemente el sitio donde más había estado en este tiempo… el sitio donde había estado. Nada había cambiado en todo el tiempo pasado, más bien había ido a evolucionando para peor.  Allí seguía, encadenada en neurosis ajenas que interseccionaban con su realidad, intentando doblegar su camino.

Era una batalla por conservar su esencia o ser una marioneta, lo que ocurría es que nadie parecía entender que ella no quería pelear, quería ser obviada de manera oficial y no con la pantomima de la forma extraoficial. Ella quería ser reconocida finalmente como paria, pues así como proscrita tendría una manera de salir pero ni eso, ni una sentencia firme le concedían. Un bucle infinito, una cuenta atrás congelada que se repetía una y otra vez, cicuta y más cicuta… Hasta que el cuerpo aguante o la mente se rompa. ¿Irse? Era la mejor opción el problema es que si se iba, era para no volver y el panorama mundial no estaba por la labor de ponérselo sencillo.

El estado de alarma, el continuo estado de alarma de las erupciones de los demás. Estado que se basaba en exigencias unidireccionales pero no se atrevían a mirarse al espejo, mirar de frente todos sus errores que pretendían camuflar exigiéndole a los demás que les facilitara la vida independientemente del coste que esto supiese para los demás. La vieja guardia, era una guerrera y para ella no habría un descanso verdadero. El asunto era que no era una miliciana recién empezada, ella era una teniente y sabía más de la logística de las neurosis de lo que quisiera. Era ver la tormenta y esquivar el rayo letal, aguardarse en la calma mientras cicatrizaba las heridas y seguir. Esa era la clave y sobretodo, la verdadera victoria era evitar la pelea. Lo complicado del asunto era cuando la batalla, pasaba por que perdiera su esencia. Por perderse ella misma y eso, no era algo que estuviera dispuesta a hacer. No con los años que ya empezaba a gastar… estaba cansada de tener que explicar todo para que luego se olvidase. Estaba harta del análisis continuo, del examen perpetuo y sobretodo, que intentaran envenenar sus sueños con la política del no. Ella, como un vendaval seguía con las suyas pero estaba muy cansada porque no tenía ilusión, no se encontraba así misma y dudaba que fuese a pasar… porque vivía anestesiada. Realmente, no le quedaba emoción pues había aprendido que en este escenario, el afecto era el peor lazo para retenerte y por ahí, no pasaba.

Mientras pensaba, Marshall apareció a su lado con una botella de vodka. Bebió un largo buche y mientras le pasaba la botella.

  • ¿Hasta cuándo?

Ella bebió de esa misma botella y tras pasar la lengua por su labio inferior…

  • Hasta que decida de una vez que no hay quién me siga el ritmo, que no puedo esperar de los demás ese ritmo y mucho menos, esperar que me sorprendan. Hasta que no me apetezca asumirlo seguiré jugando a perderme a mi misma, a ser una rea eterna porque en realidad solo conozco un rol, el animal salvaje que siempre están a punto de cazar y no sé, si estoy lista para mi, nada más.

 

Le coge la botella, Marshall y bebe.

  • Tienes miedo.

Ella le mira sin brillo en sus ojos:

  • Ojalá fuera miedo, sería un estado conocido a fin de cuentas. Es descubrir que tengo un hambre que no soy capaz de saciar… es descubrir que estoy vacía y no habrá nada que me parezca suficiente.

Marshall le sostiene la mirada:

  • El día que aceptes tu verdadera naturaleza y sonrías al mirar atrás, ese día… serás temible.

Ella coge la botella y la acaba del tirón.

Ya veremos en qué queda el asunto, cuando llegue ese día… Ahora me toca hacer guardia en el frente. Ella, se levanta y haciendo un gesto con la cabeza se despide. Marshall lanza la botella contra la pared y parece disfrutar al ver como saltan los cristales. Se dice para sí mismo…– Siempre van a intentar hacerte cambiar porque tienen miedo de no poder controlarte… siempre vas a tener esa hambre eterna porque nunca vas a poder estar en equilibrio con tus dos lados… eres luz pero también eres tinieblas. No siempre vas a poder elegir… querida y los demás, solo van a querer apagar tu luz para no hacer frente a su oscuridad.- 

 

 

 

Mala santa

MALA SANTA

Siempre hay y siempre habrá una fonética cortante que te desgarre y te parta, que te haga mirarte en el espejo y preguntarte, ¿quién has sido?, ¿quién eres? y ¿quién serás? aún nadie te haya preguntado si quieres ser algo, lo eres. Eres sustancia y esencia, eres orden y caos, ¿en qué proporción?.

Llega un punto que te da igual ser o seguir siendo, que te abrazas a la costumbre a la segura costumbre de ser tu juez y verdugo, de ser tu mayor enemigo, de encadenarte y aún teniendo la llave en el bolsillo; no ir hacia esa libertad que tanto ansias. Es el miedo que esta vez quiere prevenirte, te avisa de que si esa libertad no está a la altura de tus expectativas; serás parte de la nada, de un abismo vacío que dictara el porvenir de tus pasos carente de vida, cumpliendo la condena de aquellos que decidieron apuntar alto sin estar preparado.

Pero… ¿cuándo se está preparado? ¿cuándo se está lo suficientemente listo para revindicar lo que es tuyo en el caos? Porque no nos engañemos… queremos el caos, la emoción de la oscuridad, el brillo del peligro, queremos tensar y aflojar cuerdas cual tiriteros o más bien, eso quiero yo.  Encajar piezas desde la sensata protección de la distancia, aquellas que brillan y una vez encajadas pasar del resto; recrear puzles; ser un caos ordenado.  El problema del brillo es que te acabas acostumbrando, entonces el interés se pierde aún tensando todas las cuerdas habidas o por haber, la emoción de lo desconocido se disipa quedándote otro juguete roto.

En todos estos momentos, en los que estas en las mazmorras de tu ser o subes a la superficie a ser una mala santa; siempre hay una fonética cortante que te recuerda a tu verdadero ser … Eres tu, reencontrándote con tu miseria y con tu oscuridad, eres tú esa fonética incisiva, corrosiva y caustica que te devora por dentro, que te hace vivir a medias y siempre aparece en tu cabeza cuando estas disfrutando… Eres tú y tu dualidad, víctima y verdugo, juez y condena, veneno y antídoto.

Habrá quiénes no se asusten de tu oscuridad, quiénes se crean arcángeles perdidos que pretendan salvarte de ti… Los primeros son aliados incluso amigos, los segundos son unos malditos insensatos que no comprenden la emoción de pulsar los botones justos y precisos para divertirte con sus reacciones.

Entre fonética y fonética, corte tras corte,  herida e infección te das cuenta de algo… No eres ni mala, ni santa eres alguien con sus reglas de juego en un mundo que no está preparado para soportar dualidades… Por eso, algunos te querrán, otros te odiaran pero a fin de cuentas ven el potencial que tu te quieres negar; porque sigues abrazando a la costumbre, a esa fonética cortante pero… ¿qué pasará cuando el grito, el sonido se quede mudo?

 

Lucifer vino a tomar el té

Existen senderos que llevan a caminos que jamás hubiéramos pensado que se encontraban, dentro de nuestras entrañas. Hay caminos que tiempo atrás jamás nos hubiéramos imaginado ser capaces de tomar al igual que puertas encajadas que no nos dejan regresar a tiempos imperfectos que podrías haberse convertido en futuros simples y se quedaron en meros condicionales.

 

Tomando decisiones, perdiéndote en los caminos es que siempre te encuentras con escoria. Gente que sobra, alimañas con complejo de inferioridad, escoria selecta que necesita alimentarse de los demás fundiendo a los de alrededor en la más profundas de las tiranías.  Esa clase de seres qué sino les sigues, si no abrazas su bandera intentan condenarte al fuego eterno olvidándose de que la naftalina nació para arder. Cayendo en la trampa de creerse señoras o señores del destino cuando en realidad, son una de las tantas marionetas del destino.

Caminar con piedras a veces hace que tengas que elegir rutas alternativas, escabrosas o más largas.  El hecho de no poder darle una patada a las piedras o demolerlas con una maza solo te recuerda que eres esclavo de la política de lo correcto pese a que a veces intentes relevarte, no puedes nada contracorriente pero si esperar a que se pase.

Las rutas alternativas implican transeúntes inesperados que alegran el alma pero también, tiempo en solitario para reflexionar y encontrarte a ti misma. Es, en una de esas rutas en las que Ella se encontró con alguien, Lucifer.

Ella tenía sed y él un líquido de dudosa procedencia espiritual que resultó ser té, empezaron a hablar. Disfrutó de la conversación y se acordó de sus anhelos más furtivos, sus instintos más oscuros que había dormido pero eran tan necesarios como las risas. Todo iba bien hasta que levantó la vista en aquel descompuesto lugar y en el espejo solo vio su reflejo. Había estado conversando con su diablo… Le había gustado.

¿Y si en vez de controlar su malignidad, reprimirla lo que debía hacer era dejarla respirar? ¿Si en vez de ser neutra era ambigua? ¿El mal formaba parte tanto de su ser como el bien?

Es así, a base de pequeños encontronazos en los caminos de la vida, que uno se reencuentra así mismo aunque claro nunca se debe de subestimar el poder de una buena cerveza.

 

Dualidades y dramas del primer mundo.

Aquellos días de la nada y del todo, las horas pesadas que no te llevan a nada; las horas indefinidas que te hacen plantearte todo. Caminando en la rutina, expectante de los dramas del primer mundo del alrededor de las conjuras a media mañana y en general, la falta de vida de los demás.

Siempre observando hasta que toca afrontar tu propio reflejo, desconsiderado espejo que refleja sin filtros. Dura realidad, en primera plana que te presenta a tu mayor enemigo. Tú. Nadie más, el único ser capaz de ponerte limites o reinventarlos.  El monstruo que te acompaña allí donde ninguna luz es capaz de iluminar… El lugar donde te fraguastes, golpe a golpe, olvido a olvido, maldad a maldad, puñalada a puñalada… El mismo donde aprendistes a ser antídoto y veneno, cuchillo y herida  en definitiva… A renacer y arder tantas veces como tus intereses lo crean necesario.

Es sumergida en tus luchas internas que alguien consigue sacarte de tu realidad, durante un rato. Conexión momentánea que normalmente a veces no dura demasiado, momentos que graban la memoria y tocan el alma. ¿Porqué no disfrutarlo? ¿Dejarse llevar como si no supieras que se va  a acabar? ¿Qué tienes que perder? Total te pierdes y te reecuentras en cada respiración… ¿qué más da un poco de caos en la anarquía?

El valor para decidirnos es un oscuro pasajero que no siempre se queda a la sombra, sino que se transforma pasando de tramoyista a guionista. ¿Estás dispuesto a pasar a un segundo plano? ¿De verdad quieres ser como aquellos que observas de manera metálica? ¿Es lo que deseas para ti, vivir a merced de los dramas del primer mundo? ¿Que la inferioridad enfundada en complejo dicte el devenir de tu existencia?  ¿Vas a seguir siendo buena solo para que no te etiqueten de mala? ¿Seguirás de malas solo por no ser la buena?

Tu existencia resumida a un binomio, cargado de perjuicios y enfundado por aquellos que se creen libres pero en realidad; son esclavos de su condición. ¿Vas a seguir alimentando un yugo colectivo o vas a imponerte sea cuál sea el precio? ¿De verdad hay algo que perder? Te recuerdo que estás experimentado una de las más grandes, sino la mayor, pérdidas que alguien puede vivir… A ti mismo.

Luchas como si no te quedara nada, por que realmente no tienes nada salvo ese reflejo del espejo que te recuerda lo bueno y lo malo que habita en ti. ¿Qué estás dispuesto a alimentar? ¿Te atreves a mutilar a alguna parte de ti? Mal vamos si piensas que algo en ti es como un tumor, que puedes extirpas porque eso solo significa que no terminas de aceptarte… Desconoces la mesura y prefieres el exterminio que asumir consecuencias… En esencia, le temes al mañana. ¿No te cansas de vivir a medias?

Allí estaba ella, con aquel regaliz rojo deslizándose por sus labios mientras observaba su reflejo en el cristal de la murphys reglamentaria, mientras los demás hablaban de sus realidades alternas… Hasta que finalmente, decide hablar. Tus palabras son metralla, el brillo de tu mirada es el de una criatura indómita que ha decidido jugar con las reglas del juego de la sociedad con la que se codea… Pero con una ventaja; sin nada que perder salvo el hecho de no reconocerse en el reflejo de los cristales. Por ello, decide vivir como si no se jugara nada… Solo así nada podrá ser tan importante ni categórico para que merezca verdaderamente la pena… A fin de cuentas, todos nos acabamos. ¿Porqué no ser coherente por una vez en la vida y darlo todo para hacerle justicia? Siendo honestos, no hay un perdón tan misericordioso para que expire todos tus pecados… ¿A qué esperas para disfrutarlos?

*Texto inspirado en “Como si fuera a morir mañana” de Leiva.

Tentaciones

El problema de seguir una metodología no era la rutina sino la falta de adrenalina; las metodologías o los protocolos se implantan para minimizar errores en base a algo que damos por válido pero… ¿Qué ocurría cuando no nos apetecía validar nada? ¿Cuando el animal salvaje encerrado en la jaula de motus propio le apetece recordar la libertad?

Las pasiones, los instintos desvelan la mejor pero también la peor cara de una persona…La sensación de peligro inminente, la vida fluyendo y luchando por las venas.

Las tentaciones no cabe duda que pueden ser de moralidad cuestionable o no, dependiendo de tu percepción de la realidad. Lo que si estaba claro que si existían es para ponernos a prueba, para redescubrirnos en nuestras distintas versiones pero… ¿Estamos preparados para saber quiénes somos?

Quizás, la chispa de las tentaciones es que no tienden a plantearse las cosas con tantos dilemas filosóficos sino que son más primitivas, más instintivas siendo una salida para nuestro subconsciente… Una manera de fogar la realidad en la que vivimos, por la que nos dejamos consumir incluso llegando al agotamiento.

Hay quiénes dicen que una aventura es mejor si huele a peligro pero también existen quiénes piensas que controlar los anhelos furtivos del alma; es caos y destrucción en una sola edición.  El asunto quizás es plantearse si merece la pena renacer… aunque el dolor sea necesario para volver al punto de partida; la eterna duda.

¿Qué ocurre si al dejarse llevar por la tentación nos gusta? ¿Si la fina línea de autocontrol se difumina y la anarquía es tan dulce que se deshace en tus labios creándote una adición que en el fondo de tu ser sabes que es finita? O más bien necesitas saber que lo es… para no perder la cordura los días que decidas regresar a la jaula y aceptar la rutina controlada que te has impuesto.

Con la mirada perdida en la nada, mientras saboreaba una piruleta Ella se planteaba terminar de abrir los cerrojos de la jaula o por el contrario; seguir pareciendo que nada le afectaba.

 

Demasiado tiempo

La ventaja o el problema de vivir demasiado tiempo en las tinieblas es que pierdes la noción del segundero; quedas atrapada en un espacio tiempo aún por definir y cuando tomas consciencia… Ha pasado demasiado tiempo.

Demasiado tiempo para recordar lo que fuiste, lo que eras y lo que eres. Tiempo de más para acordarte de los que fueron, serán y son pero siempre queda un hueco para los que no están y deberían.  Espacio temporal apto para divagar en posibilidades mientras el día a día te arrastra, te envuelve y solo te permite tomar decisiones basadas en el ahora.

Lo expuesto hasta ahora, podría considerarse una agradable rutina sino fuese porque a veces, incluso en la neblina más espesa consigue colarse un rayo de sol. Incómodo y caluroso que te hace tocar suelo, reconectar y ver de frente, esa realidad que con soslayo tienes que afrontar. La misma que ha sido autoimpuesto y a ti, tiende a resbalarte de manera vertiginosa porque solo tiene dramas, demasiados dramas y muy pocas comedias.

Siempre te alcanzaba, la funesta realidad y sus consecuencias. La misma que compartes con miles de personas y no por ello, tiene que ser la misma… Realidad carcelaria. Donde los límites entre verdugo y preso no quedan bien definidos pero la herida abierta, nunca termina de sanar sino que se reinfecta en un bucle infinito; donde el antiséptico no es más que una balsa salvavidas que con el tiempo, se acaba deteriorando.

Demasiado tiempo en las tinieblas y en el ahora, nada había cambiado. Había que seguir pidiendo perdón por las mismas cosas, redefinir conceptos que deberían estar más que claros y romper estereotipos arraigados.

¿Alguien podría explicarle la absurda manía de querer traerla a la realidad cuando su mundo, era muchísimo mejor?

 

Déjala

Pipas y su desagradable sonido al ser peladas. No era capaz de entender a quiénes gustaba tomarlas, a Ella le ponía nerviosa el ruido que hacían dentro de la cavidad bucal, era como si retumbara todo en su interior. Desagradable, en resumen.

Ante el desagrado, su mente tenía la tendencia de focalizar la atención en otra cosa. Cualquier cosa, normalmente los seres humanos y sus interacciones. Llevaba 44 minutos aproximadamente en aquel parque y era incapaz de no quedarse perpleja con lo que allí pasaba. Las interacciones que se daban.

En todo parque que se respete, siempre están los típicos niños que carecen de instinto de supervivencia al estar molestando con la pelota en todos lados, padres sobreprotectores y ciegos de ver que sus hijos no serán Cristiano Ronaldo jugando al fútbol, madres con complejo de celestina hablando con crueldad sobre niñas y cosificándolas, alimentando monstruos ajenos… Adolescentes con falta de tiempo y es en ellos, donde no termina de dar crédito.

Las parejas de quiénes son el futuro del país, es decir, quiénes el día de mañana pueden poner fin a los grupos tormentosos de madres y a los complejos de inferioridad de los padres, resultaban que los alimentaban más que la generación anterior. ¿Evolución? ¿Dónde?

La mayoría de las parejas, por llamarlas de alguna manera porque en estos tiempos una ya no sabía, se basaban en relaciones de poder donde uno estaba por encima del otro ejerciendo un control dictatorial en el otro. Alucinante, la manera que lo consentían y lo veían como algo bueno.

Es entonces, cuando un rayo de esperanza es captado por mis pupilas; ahora que me encuentro caminando. Se trata de una chica que le dice al chico, no. El chico se enfada, la chica se ríe. El chico la zarandea, ella le da una patada en la espinilla y le dice: Sales y no me avisas cuando llegas a casa cuando estás bien, me mientes diciendo que llegastes a casa a una hora y tu directo de instagram dice otra… Y te atreves a decirme, con toda la cara del mundo, ¿qué quién me creo para desmadrarme al salir de fiesta? ¿Eres tonto, o te lo haces?.

La chica rueda los ojos y se va de allí. En toda escena, en la que una chica se pone en su lugar en público no puede faltar la persona que piensa que su presencia es relevante para decir…: ¿Vas a consentir que te hable así? ¿Quién se cree que es esa?– Es aquí cuando mi fe se mantiene, porque si bien el muchacho debe de trabajar los modos le responde.-Ella es libre de hacer lo que quiera, igual que yo hago lo que quiero.  Es lo que nosotros hacemos, solo que somos tan egoístas que no queremos que ellas sean libres porque tenemos miedo de que no nos elijan.-

Continuo con mi marcha, esperanzada que pese a vivir en este mundo donde por ser fémina tienes que demostrar más para llegar al mismo sitio, la educación está haciendo sus estragos y desde tiempo está limpiando al sistema; al mismo tiempo que no puedo evitar preguntarme si hubiera sido otro tipo… Si ella seguiría viva por haberse elegido así misma antes que él, por quererse así misma.