Se había adelantado, no era usual que ella se dejara guiar por el hipnotismo de las estrellas que con destellos sinuosos siempre invitaban a frecuentar los lugares menos aconsejados para uno. Claro que siendo consecuente, poco atendía a ella a consejos sino más bien a argumentaciones y a eso había venido a argumentar. A desgastarse hasta acabar exhausta porque siempre era más divertido arder en llamar y renacer, que conformarse con la tónica del día a día.

El tiempo pasaba, con un compás monótono pues más bien parecía haber bajado al inframundo para torturarme a mi misma, en el hastío de mis pensamientos. Todo muy llevadero y ameno hasta que un escalofrío  sentí.- Cualquiera diría que te fastidie la juerga-

– Sólo eres el complemento circunstancial que la hará más entrañable, nada más.-

Hasta aquí lo que dictaban los cánones de la socialización pues como siempre se trataba de ambos no hacían más falta seguir con las banalidades, el grano era el grano.

– Nos educan para ser fuertes, para hacernos valer, que los méritos valen más que la pena y que la miseria sólo llama a la miseria.  Estoy cansada de que digan y no dejen de decir que el intelecto abre todas las puertas y que la valía pone a cada uno en su sitio pero luego, cuando enciendo el televisor sólo veo que los más débiles obtienen la gloria, que los méritos se consiguen desmereciendo a los demás y que la miseria llama al dinero. Me da pena vivir rodeada de tanta antítesis supuestamente coherente.

Te dicen que todo esfuerzo tiene su recompensa, que brilles y vueles tan alto como puedas pero cuando llega la hora de la gloria venidera te miran como si fueras la mayor abominación y a modo de halago te dicen que eres un monstruo e inocente de ti, cayendo en la falsa utopía del significado literal de las palabras ves que el verdadero reconocimiento lo obtiene quién trató aquello que conmueve a la humanidad de manera fugaz pero vende, la verdadera recompensa fue de quién hizo mejor marketing.

Pero algo de razón llevas, cuando te miras al espejo, al conversar con tus amigos al sentirte a medio camino, como sí este mundo fuera tanto como si nada contigo, lo entiendes mientras te haces la plancha para alisar tú cabello no vaya a ser considerado ofensivo que esté encrespado y sigues haciendo, porque debes de seguir preguntándote sí eres el cromosoma perdido de Victor Frankenstein. Antes o después de pasarte el labial rojo te planteas que quizás no eres mutación sino creacción, una anómala creación rodeada de complementos que crean el escenario de sus circunstancias, complementos circunstanciales que como bien impera la gramática complementan al verbo, no al sujeto.

¿Y qué hay de las oraciones impersonales? ¿No tienen relevancia en ella cualquier complemento? Seamos francos, sí es impersonal es porque el peso de la acción es tal que ¿a quién rayos le importan los detalles? En el momento que complementas y no completas, eres prescindible. Esa es la clave del asunto, nos hacen creer que seamos sujetos de nuestros actos pero no nos consciencia del peso de nuestras acciones pues el acto en sí, el hecho es el que perdura en el tiempo y no quién lo hizo o qué lo causó.

 – ¿Si la importancia sólo la tiene el verbo, porqué te detienes tanto en el sujeto? ¿Sí el verbo se vale por si mismo y lo que le complemente tiene un valor simbólico porque no te centras en la acción, en el verbo y dejas de patalear al sujeto?

Has caído en el ilusionismo de lo que siempre ha sido. Diferenciar el sujeto del predicado y saber el poder absolutista del verbo no significa que el sujeto no tenga poder, ese poder que muchas veces se olvida y se deja de lado. Ese poder que indique el quién y que siendo una sola estructura, lleva tanta carga significativa como la acción irreparable del verbo. Vivimos centrados en darle un falso valor al sujeto en función del verbo; cuando olvidamos que no es una relación de fuerzas en yuxtaposición sino de confluencia de poder, uno fáctico y otro emocional. Me centro en el sujeto porque queda tan olvidado y no sabe reclamar en su sitio, que deja que lo demás marque el Yo que es y no quién quiere ser. Considero que el sujeto vive continuamente desamparado y nadie se molesta en acogerlo y recordarle lo que vale.

¿Qué crees tú?

– Que es hora de que vayas a dormir y no repitas la cena de hoy, parece ser que la indigestión te ha intoxicado las neuronas y te está haciendo entrar en un pseudoestado de delirium tremens y lo preocupante, sin haber bebido alcohol… 

 

 

*Imagen de Sara Herranz

 

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2 comentarios en “Complemento Circunstancial

  1. Me encanta este post, me encanta siempre que se recurre a la lengua como imagen de la realidad… y lo logras muy bien aquí. En cuanto al fondo, yo alguna vez lo he puesto así: cada quien es protagonista de una trama. A veces, por eso, creemos que los demás son personajes de relleno, cuando ellos también son protagonistas. Los poderosos llevan esto, muchas veces, al paroxismo y a la tragedia. La generosidad cristiana está en ver a todos en su valor, en su trama, en su capacidad de proporcionar un mundo de belleza a la trama total. Un hombre entero ve que hay una trama total. Dios conoce el sentido de esa totalidad. Todos somos sujeto y hasta los chiquitos, Santa Teresita, pueden ser aportes decisivos a la belleza del todo

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