Libertad Condicional

El fósforo al ser deslizado por la caja de cerillas, prendía la llama. Solía dejarme maravillada ver como la luz se hacía, como la madera de este comenzaba a inundar la estancia con su característico ambientador; aquel aroma de tintes piromanos me relajaba.  Lo interesante no era el tinte psicótico de mi afición por encender cerillas, lo llamativo era observar la volatilidad del momento.

¿Qué me detenía a no soltar aquella cerilla al suelo? Ver arder en llamas el panorama, deleitar a mi olfato con el olor a quemado, ¿qué podía haber de malo en ello? ¿acaso no se dedicaba la gente a matarse de por sí? A fin de cuentas… uno menos, más terreno. ¿Qué hacía que pese a adorar ver el fuego, no quisiera verlo a gran escala?

Nuevamente estaba allí, donde Marshal y por primera vez lo miré desde la mudanza. Estaba cambiado, como sí algo en su interior estuviera pugnando por salir. Parecía tener un gran fuego que apagaba más por costumbre que por sentirlo. Ahora que le miraba, parecía el reflejo de una marioneta, una sombra de lo que podía haber llegado a ser y por miedo a serlo en nada se había quedado. Era curioso poder observar como las personas de tu alrededor se volvían seres decrépitos, encerrándose en su aurora boreal mental ilusos de creer que el mundo no los alcanzaría, inmortales.

– ¿A qué viene esa mirada de estar perdonándome la vida?

– A que lo estoy haciendo.

– ¿Qué te detiene?

Decrépito o no, Marshal seguía manteniendo activos sus reflejos. ¿Qué hacía acudir a él? ¿Qué hacía que no hiciera todo explotar en llamas para mi propio frenesí? ¿Qué era?

La costumbre, imagino.

– Querrás decir el miedo a perder lo que sabes que está ahí.

– Es una respetable manera de decirlo aunque no creo que sea del todo eso, debe de haber algo más. ¿Qué hace que no tire el fósforo al suelo y vea a las llamar proclamar su lugar en el mundo? ¿Qué hace que no ejecute a quién sea que me moleste? ¿Qué diferencia al criminal, verdugo o asesino de la víctima?

– Ah, todo es porque hoy te has levantado belicosa…

– Responde.

– La educación y la cultura sería la respuesta más sencilla. La sociedad te hace comprender que no es bueno matar gente además, sí entramos a términos jurídicos no es legal e irías a la cárcel. Suponiendo que te encontraras por encima de la justicia he de decirte que es el egoísmo lo que hace que sigas viviendo en sociedad. El egoismo de poseer lo que ya tienes.

– ¿Quieres decir que la cultura y la educación es la forma políticamente correcta de camuflar el egoísmo de los individuos? 

– Sí, eso es lo que creo. Hemos creado gracias a la cultura y la educación un sistema cívico en el que perpetuamos lo que queremos y respetamos lo ajeno para que no toquen lo nuestro. 

– Relaciones de poder en otras palabras, ¿y qué ocurre con la violencia de género? ¿y el terrorismo?

– El primero nace de la inseguridad del otro al ver que lo que creía suyo, no lo es, haciéndolo suyo por medio de la muerte pues… ¿Qué hay más superior que ser dueño de la vida de un persona? El segundo caso que expones es más complicado pues se trata de poder. No es un poder individual, es la cesión de tu propio poder a otro dejando a un lado tu propio instinto de supervivencia. En el momento que no se tiene nada que perder o ganar, ese ser es un arma poderosa para quién lo lleva.

– El primer caso está infecto de narcisismo y complejo de Dios. El segundo caso es digno de mención psiquiátrica pues significa que un ser corrompido y deprimido, es el mayor peligro de la humanidad al ser capaz de alimentar a otros seres ávidos de maldad.

-Efectivamente, el propio sistema crea sus monstruos para mantenerse olvidando que puede ser revocado.

– ¿Qué impide cambiar el sistema?

– La madera del fósforo que se encuentra en el bolsillo de tu chaqueta, te da el poder a medias. Puedes hacerlo pero el egoísmo y la comodidad del poder consiguen aplacar tus entrañables instintos piromanos porque hay algo dentro del sistema que te hace creer  en él y por eso lo respetas. 

– El mito de la caverna, preferimos quedarnos en ella por miedo a descubrir otros caminos. Nos acogemos al sistema pero no pensamos que el sistema tenga fallos sino que los aceptamos, alimentando a estos fallos que a su vez posibilitan la hegemonía del sistema. Curioso, el punto llegado impregnando un poco de humor negro a la escena…

– Curioso o no, caminamos sobre madera mojada creyendo que podemos hacerla arder cuando deseemos pero a la hora de la verdad, no prende porque no sabemos aceptar nuestra libertad condicional. Por eso, no representa un problema tu sueño de ver arder y renacer…

– ¿Pero como…?

Daba igual acabar la frase, Marshal ya no estaba.

 

 

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