Inmortal

Las constantes, ese valor que siempre se da por hecho una vez se descubren. La gravedad con Newton, Planck, la de Avogadro o el mismísimo Faraday. Hitos fijos en su campo, verdades indudables que parte de supuestos tomados como válidos. Realidad aceptada e inmutable.

No siempre son matemáticas, físicas o químicas también las hay de carne y hueso. Esas personas que das por hecho que siempre van a estar ahí. Sea por egoísmo o por costumbre vives con esa certeza hasta que llega el momento en el que todo cambia…

– ¿A dónde va la llama cuando esta se apaga, Marshal?

Ella estaba distante, así como distraída. El brillo de su mirada denotaba el pesar de su alma pese a todo, no le preguntó directamente. Guardó silencio cauteloso y expectante al ser consciente de que las sombras de la penumbra la asolaban.

-Se hace uno con el lugar, de manera didáctica te diré que al cementerio de las llamas.

-¿Qué sucedería si un buen día la llama no se encendiera? Da igual con que lo intentes, ya no prende.

-Todo depende de porqué se quiera encender la llama pero… sería un problema.

– Un problema…

Extrañado por su paupérrima réplica, Marshal se atreve a preguntarle directamente que le sucede.

-Dudo que hoy quieras debatir sobre el origen de la luz. ¿Qué te pasa?

-Se apaga, esa persona se está apagando. No brilla como antes, su luz es débil aunque se aferra a vivir. Aún no se sabe cuál es su destino pero se está apagando, silenciosamente…Y no quiero que lo haga. Siempre ha estado ahí, como si de una constante se tratase y quiero que siga ahí. 

– Si no se sabe aún cuál será su fin, no debes de poner la tirita antes de que salga la herida. Debes proteger tu corazón pero no por ello dejar de vivir momentos con esa persona. Sí quieres conservar la llama, avivara. Darle fuerzas y motivos para querer seguir brillando. Abrazarse a la incertidumbre y la tristeza; no lleva a nada.

-Ya…pero no es fácil. No cuando sabes lo que está por venir, estar en el ojo del huracán con tu mejor sonrisa. Mantenerse impasible… cansa, cansa ser fuerte cuando te apetece ser débil.

-Sí esta vida fuera cuestión de lo que uno quiere… ¿No crees que habría unicornios de colores?

La chica sonríe, con tristeza, ante la gran verdad de Marshal.

-Definitivamente, la vida tiene muy mal gusto.

-O quizás lo que está mal, es tu gusto.-Sonríe-Lo digo a modo de sugerencia, sin ofender. Volviendo al asunto…todos, en algún momento, necesitamos que nos agarren de la mano para seguir caminando. No es un camino fácil pero se puede salir y en caso de que no se salga, habrás disfrutado de todo ese tiempo a su lado. Estando ahí, demostrándole lo que te importa. Dejando de un lado todo lo que una vez distes por hecho, la monotonía de la constante. Es hora de convertir lo sentado, en de pie por así decirlo.

– Es hora de hacerle ver todo lo que vale realmente. Lo triste es que tengan que asorlarnos situaciones peliagudas para que nos demos cuenta lo mucho que necesitamos a alguien.

– Peor sería no darse nunca cuenta o darse demasiado tarde…

Un sonido interrumpe la conversación, algo golpea la vidriera. Se trata de un pájaro suicida que ha empañado el impoluto cristal de sangre. Cambian de tema, centrándose en lo que ha podido llevar al pájaro a su fin. En el principio de causalidad pero ella sigue navegando en lo más profundo de su ser para encontrar la manera, de hacer la llama inmortal aún sea en su memoria.

 

*Imagen de Sara Herranz
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