Pataleta

ENTRADA EN EL DIARIO- 30/09/2016

A veces gritas, gritas tan bajo que el mismo grito parece ser la respuesta de eso que te asola y no se aleja, de eso que te carcome y te desvela. La consciencia. Es esa unidad, forma parte de ti pero a veces te contradice, va a contracorriente y te hace alcanzar un trastorno límite de personalidad. Actúas sin pensar, dices por decir por qué quieres que se calle, el ruido cese y así descanses pero no, la paz no está hecha para alguien que al igual que la materia, tienden al equilibrio.

   La cuerda se tensa, cada vez más aquello que te hacía olvidar parece hacerte recordar aún más y necesitas explotar pero aún no lo haces porque crees que no es el tiempo correcto, no estás bailando en el compás preciso para no saltarte ningún inciso… Te vuelves cínico y sólo buscas excusas baratas para no asumir tu miedo a perder.

¿Cómo algo pasado puede marcar el presente?

¿Cómo un anhelo que ya no es, puede condicionarte en el día a día?

¿Cómo la indecisión casi gana la partida?

Es muy simple, siendo.

Porque lo que fue, ha sido y sigue siendo tanto tiempo como lo guardes en la recámara de tú memoria. Las historias incompletas con un punto y aparte pero no final siempre asolan, a no ser que acabes la historia. Ates cabos, sueltes arrastre. Pases página.

¿Y qué hacer sí el miedo persigue?

¿Y qué hacer si no quieres perder lo conseguido?

¿Y qué hacer si te han hecho mejor, mejor de lo que eras y quieres seguir mejorando?

Actuar.

Entrevistarte con tu diablo y salir indemne del infierno pues como dijo el sensato de Baudelaire : “ qué procedas del cielo o del infierno, ¿qué importa?” siempre y cuando sepas quién eres y en el camino no te pierdas a ti mismo.

Tanto giro y delirio junto no es más que una argucia bautizada de pantomima para leer cada día que se me olvide que nada vale más que hacer lo que verdaderamente siente, no hay nada de tanto valor en el mundo capaz de pagar el placer de conseguir tus sueños, el sudor del esfuerzo. No hay nada como dar “carpetazo” a todos tus estragos emocionales para seguir creciendo, sentirte bien. No, no lo hay la inigualable sensación de hacer lo que te salga del alma sin sentir que debes rendir cuentas a nadie, salvo a ti mismo. La sensación de poder compartir con aquellos que se merecen tus logros y caídas, el pensamiento de que estás tan sólo como te quieras sentir porque siempre, incluso en la mayor de las oscuridades existe una luz deseando iluminar y enseñarte que la vida no es tan mierda como crees.

Porque el dolor es necesario para entender los buenos ratos, valorarlo y recargarte de energía pero la felicidad es el motor que te permite aguantar a tesón en pleno ojo del huracán.

 

En el momento en el que te sientes bien contigo mismo, sea cual sea el coste para conseguirlo no habrá rayos o centellas que pueda contigo.

 

Lucha.

 

Mientras la joven escribía esto en su diario, Marshal la observaba sin que esta le viese;intrigado. Consideraba que era el momento de presentarle… El estado abismal pero no sería hoy, ahora que ella dejaba llorar su alma mientras de su letra bullía cada pataleta vivida, escribiendo cada línea con autoestima renovada. No ahora cuando necesitaba combatir la infección de sus seguridades, quizás mañana.

 

*Imagen de Sara Herranz
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