Esta vez los acontecimiento se sucederían de manera diferente a la que dictaba el guión invisible que pautaba la historia entre Marshal y su visitante pues hoy él dejaría a un lado el papel de co-protagonista para escribir el guión de este encuentro. Lo había decidido y no necesitaba el consentimiento del  destino para obrar con una determinación desconocida en él, hasta ahora.

La estancia estaba oscura y cuando ella apareció, comenzó a proyectarse una película. Eran retales, fragmentos de su vida en diferentes situaciones que acababan en un mismo punto de inflexión. El caos predominante en su psique que quería ordenarse y cada vez que lo intentaba, se perdía más en el camino cayendo con la elegancia que lo hace una pluma de un ave sólo que nunca terminaba de tocar suelo.

Ella desconcertada se limitaba a estar atenta ante la proyección, reencontrándose con todos sus “yo”, recordando lo que creía olvidado, rememorando lo que no recordaba. Perdiéndose y encontrándose en instante creando mentalmente una ciclogénesis neuronal que le hizo callar cuando el film concluyó para observar al director. Marshal.

– En ese punto en el que no quieres hallarte pero te encuentras,en el que quieres perderte pero a cada paso estás más cerca de un camino, en el que la razón y desazón parecen confluir dando lugar a las combinaciones más inverosímiles es donde yace la catarsis neuronal. 

-Es bueno, tú camello digo. Es realmente bueno…¿cuando decías que me ibas a dar su número?

-Ahí donde el escepticismo te hace presa de las verdades que van más allá de tú lógica, donde las limitaciones de lo que conoces con lo que aún estás por conocer confluyen, allí donde desear y querer parece cumplirse realidad… se encuentra la catarsis neuronal. Es el origen de todo y a la vez es la nada, la esencia sin presencia. El lugar donde el mundo de las ideas o los preceptos aún no tiene significado…La materia prima, la esencia de cada uno donde deriva su potencial.

Las horas se suceden en ese estado en el que pareces estar, como sí se tratara de un yugo de esclavitud te encuentras encarcelada en la rutina de tus pensamientos, en la conspiración de tus neuronas yendo a todas partes sin alcanzar un sitio. Desequilibrada sin lograr la liberación de los recuerdos que parecen alterar tu fuero interno. Eso es la catarsis neuronal lo que has sido y sigues siendo pero que jamás te dirá lo que eres. 

-¿Acabas de leerte un libro de auto-ayuda o como va el asunto? ¿Me puedes decir a que viene todo esto?

A diferencia que otras veces Marshal no se iba a mostrar complaciente, estaba jugando con la mente de ella explicándole en parte el porqué estaba donde estaba y por eso siguió con su explicación.

-“El abismo no tiene límites ni vacío, porque yo soy el abismo; lo infinito está lleno de mí. Pero yo, a quien nada puede contener, me retiro y no extiendo por todas partes mi bondad, que es libre de obrar o de no obrar: el hado y la necesidad en mí no influyen: mi voluntad es el destino.” Es ahí donde te encuentras querida y no lo digo yo, sino John Milton.  Estás sumida en un estado abismal donde todo te parece mal, sólo ves pegas y consecuencias pero no hay acciones que pongan remedio. No hay inervación por tu parte, simplemente parches mentales con los que consolarte por no querer tomar las riendas. El estado abismal te atrapa y absorbe, dejándote sólo soñar y para nada despegar con unas cadenas auto-impuestas y que temes liberar. 

¿A qué tienes miedo? ¿Al monstruo que crees que hay en ti? Siento decirte que Dexter sólo hubo uno y no habrá dos iguales, los mártires ya estuvieron en los siglos pasados y que sí de verdad quieres vivir vas a tener que reaccionar. Salir del estado abismal que sólo lleva a pensamientos circulares y a veces inconexos, te toca reaccionar. Despertar del mundo de charol que has creado y vivir en la realidad.

De repente, como sí se tratara de una grabación la escena comienza a retroceder. Un fuerte dolor de cabeza precedido de una tos despierta a la chica, en su dormitorio. A desgana enciende la luz y cuando consigue fijar la vista en algún punto busca a Marshal quién no parece estar allí. Mira la hora de manera huraña y luego a la “mesita” de noche, donde observa la caja de ibuprofeno. Ladea la cabeza sentenciando que no había sido buena idea mezclarlo con alcohol mientras apaga la luz planteandose sí acababa de descubrir un alucinógeno tan barato y bueno como aquel. Curiosamente, al pensar esto la cabeza le vuelve a dar una punzada más fuerte… ¿Qué rayos estaba haciendo con su vida?

 

*Imagen: Sara Herranz

 

 

 

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