La vida de un post-graduado, seguía siendo vida o algo así. Según como lo quisieras ver, el asunto es que viviendo en un mundo tan virtual, resulta necesario el hecho de estar conectado aunque sea al correo electrónico.  De esa necesidad de estar actualizado y de estar pendiente de la correspondencia porque nunca sabías cuando podía llegar una buena noticia, es fruto la conversación que acontecía aquel día…

En la pantalla del ordenador de Ella, se veía un mensaje de su bandeja de entrada. Más bien era de la entidad de la empresa, anunciándole lo siguiente:

Los términos y condiciones del servicio han cambiado. Sí sigue usando los
 servicios, usted está de acuerdo con el cambio.

-Claro que sí, guapi.- Soltó la chica, sin pensar.

-Ya tu sabes, mamita.– Respondió Marshal quién ahora se encontraba sentado en la cama, leyendo un comic.

-Hijo de tu señora madre, no me había dado cuenta de que estabas ahí…

-Yo también me alegro de verte.-Respondió con cierta burla, Marshal.- ¿Qué te pasa, hoy?

-El mundo me pasa, ¿acaso pueden tener tanta cara dura? De verdad, qué hartura porqué nos tomen por soplapollas, enserio.

-Ni que te hubieran hackeado el instagram. ¿Qué resulta tan grosero, esta vez?

-Los términos y condiciones del servicio. 

-Bueno, es un acuerdo que firmas por usar un servicio no tienen nada malo. ¿No?

-¿Hola? Tienen todo lo malo, quieren saber de ti hasta la hora que te tiras pedos. Son horribles y groseros. ¿Lo peor? Nos quieren hacer creer que libremente los aceptamos pero, no. No queda más remedio que hacerlo. ¿Hola? ¿Dónde voy yo sin correo electrónico? ¿Edad Media quizás?

-Bueno, la información es poder. No sé de qué les culpas.

-No culpo a quién los crea, por intentarlo no sea. Culpo a los que lo consienten, a todos esos que les parece bien que nos controlen y espíen.  De verdad, ¿no te das cuenta?  ¡Ni Nostradamus ni historias! Aquí el único profeta fue Orwell . Nos controlan a todos y en vez de luchar por ser libres de verdad, vamos corriendo y con los brazos abiertos al control.

-La manda necesita ser controlada, es tan simple como eso. No entiendo el drama.

-¿Drama? ¿Hola? ¿Qué le importará a las grandes empresas los pedos que me tiro al día, ¿o cualquier nimiedad? Esto no es justo, somos más presos que nunca…

La chica se levanta del ordenador, coge el libro de 1984 y se lo tira a la cama.-Pon Internet en la fórmula y tendrás el resultado-Ladea la cabeza con tristeza para finalmente decir.-Al menos podrían ser claros y no poner tantas letras juntas antes de que le tengas que dar a aceptar. No sé, ¡ un poco de consideración! ¿Es tanto pedir?

Abre la puerta de su habitación y sale en busca de algo que merendar, para desfogar su indignación.

 

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5 comentarios en “El oráculo Orwell

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