Réquiem

En aquella habitación sólo podía verse la lúgubre luz del ordenador mientras la chica parecía escribir en su diario digital:

Debí haberme desecho hace tiempo de tú huella, posiblemente debí haber quemado tú recuerdo pero siempre había algo que me detenía. No supe saber qué era exactamente, tampoco me quitó el sueño total un bulto más, uno menos no hacía daño a nadie. Pero ahí estaban, los bultos que me distes. El recuerdo tangible que quedaba de ti, seguía ahí haciéndole compañía al polvo. Pero seguía ahí.

Al toparme con tu huella, no podía evitar sentirme mal. Era cómo sí no hubiera terminado de cerrar una puerta por eso creía que no quitaba esos cacharros del medio, así durante más tiempo hasta que un buen día simplemente supe que esos objetos no eran más que el recuerdo de una cicatriz totalmente sana. Era el réquiem necesario para sentir la calma…porque sí, hubo luto.

No por tí, sino por mí. Por todo lo que hice, por todo lo que no sonrreí y por todo lo que no comprendí. Luto por lo que pude haber vivido junto a ti y no hice, luto por el tiempo gastado y perdido en el vacío… Sí, no lo hice muy bien pero sí hacer las cosas bien fuera mi especialidad, no estaríamos donde estamos. En la gloria.

Porque de todo este despropósito sólo saqué una cosa en claro, demasiado diferentes para jugar en el mismo equipo. No está ni bien ni mal, simplemente distinto camino. Tú eres una vía principal y yo la aberrante, tú querías un camino y yo soñar en mis tinieblas. Claro que sí, conocí la luz quizás gracias a ti o quizás a que decidí vivir.

Pero he de confesarte algo, me llevo muchas cosas positivas del tiempo que coincidimos,  no guardo esos retales de nuestra historia para recordarte, sino para recordarme lo que una vez fui y jamás volveré a ser. Es un toque de atención a aquella que fui y la que no seré, es un correctivo. Nada más, nada menos.

Mientras seguimos aquel delirio me di cuenta que hizo tiempo que le dije adiós a mi amigo, adiós al plus y posiblemente, sí no hubiera elegido a mis monstruos internos posiblemente hubiéramos sido geniales pero… les elegí a ellos, no me arrepiento. Porque, sí no nos hubiéramos separado no hubiera reaccionado, no estaría donde estoy. Donde quiero estar, donde me gusta estar. No es un gracias, no es una nota de rencor es la realidad. La realidad de dos campos magnéticos que por más que quisieron acercarse se repelieron.

No sé como estarás, sí sentado o de pie. Imagino que bien porque eres de esa clase de personas que se merece que todo le vaya bien pero me da igual sí saberlo, ya no siento nada cuando huelo esa colonia, ya nada me conmueve porque representabas a todo lo que más temía y que ahora ya no me da miedo, porque he crecido. Me he fortalecido y todo gracias a que decidí mi camino, mi turbio camino con mis telarañas. Por más que tú altivo “Nadie te querrá como yo” no hizo eco en el vacío porque hijo, era evidente que eso no podía pasar porque no hay nadie cómo tú; pero lo que nunca imaginastes es que como yo, no hay nadie. Ni de coña, la naturaleza es sabia y no reproduce dos veces los mismo errores.

Siguiendo en la línea de indagar… ¿error o acierto? ¡ Eso que más da! Pues mientras tecleo estas letras se acaba de manchar de chocolate uno de los dibujos que me hicistes, ese que tan poco sano te parecía y a mí tan feliz me hacía porque me he reído. Sí, he reído porque ahora tendré un recordatorio imperfecto… ¿A qué es genial?

 Ya dejo de seguir escribiéndole a la excusa, es decir a ti porque en verdad a cada tecla que pulso no hago más que recordarme a mi misma lo que no quiero volver a ser usándote a ti; disculpa que lo haga pero es más fácil culpar al otro que ver lo de una misma. Condición humana, supongo o quizás la escusa es al revés y el recordatorio es una manera de tener un recuerdo agridulce de ti. Bah, la cosa es que sigo comiendo chocolate y me sienta, genial.

La chica termina de escribir mientras canta ( o algo similar) cierta canción:

 

Hasta que concluye el texto y se pone a jugar con el pc, mientras Marshal desde la sensata protección que otorga la oscuridad, observa silenciosamente.

 

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