He tenido la sensación, desde siempre. He llegado a plantearme incluso que mi narcisismo es tal que no podía inducirme a error, grandes dosis de egocentrismo también podía pensarse que nací impregnadas de ella, querido diario. Es posible.

Decidí desde que tengo uso de conciencia luchar contra mi condición, sabía que no terminaba de encajar. Hubo, hay y habrá algo que siempre delata mi condición. Nunca quise adentrarme en tecnicismos, saber el porqué pues sospechaba que se trataba de algo más grande que cualquier parámetro lógico digno de mención.  Digamos que siempre supe que era prófuga de mi condición…. Esa que me había auto-impuesto, esa que intentaba que calzara a desgana. La misma que me había permitido, malvivir.

¿Malvivir no era vida? No podía, a caso, considerarse dentro de la taxonomía de la vida, ¿si quiera?. ¿No existía una clasificación de la vida? Debía haberla, querido diario. Estaba segura.

Vivir en dos mundos, tenía sus consecuencias. En el mundo que debía ser y el mío. Siempre a dos bandas, podía resultar agotador. Mucho tiempo así, bien lo sabes querido diario pero hubo un tiempo que dejé de vivir del recuerdo para empezar a sentir de nuevo.

Ahora, siento demasiado. Sabes que los sentimientos son desagradables, te recuerdan que estás vivo y esa sensación, el hecho de que puedes dejar de estarlo es peliagudo.  De hecho, sí alguna vez me encontrara con la vida de frente, le pondría una hoja de reclamaciones…

Querido diario, el asunto es que todos los caminos me llevan a las sensaciones. Esas que siempre estirpe cuidadosamente, con esmero y determinación. Las mismas que creí olvidar pero ahí siguen… en desconocimiento.  Pero, el conocimiento me persigue y ahora estoy encerrada en una especie de jaula.

¿La llave? ¿Quién sabe? ¿Los barrotes?Indomables. ¿El candado? Forjado a sangre.

El peligro, el verdadero, no era el exterior sino el interior. Estaba sola, en aquella estancia al lado de aquella caja. La caja que jamás debía ser abierta y que ahora, estaba apoyada en mi regazo.  Rozando la tapadera con mis dedos, sintiendo como mi respiración marcaba el ritmo de la agonía.

La eterna duda, ser o seguir siendo.

Mi mirada, se alzó hacia el espejo que se veía a través de los barrotes, hasta que decidí hablar:

-Querido diario, piensas tenerme mucho más tiempo agonizando o vas a dar la cara de una vez, Marshal-

Marshal no apareció pero sí se escuchó su voz.-¿Y porqué debería darla? ¿Acaso no prefieres la huida eterna?

Una mirada fulminante fue a parar a la caja, mientras los ojos húmedos de la chica se contenían de crear un recorrido en su rostro. Cierra los ojos, rememorando su perdición. Las sensaciones los sentimientos, mientras sus dedos se deslizan sobre la tapa… ¿Merecía la pena abrirla? ¿Merecía ser mi propia verduga? ¿Abrir mi propia caja de Pandora para simplemente renacer?

 

¿Era necesario?

 

 

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