Enajenación mental

Ella se encontraba concentrada, en la pantalla del ordenador. Consciente de la presencia de Marshal seguía escribiendo con pasión… ¿Qué le habría sucedido, ahora?

Pensar rápido, era peligroso. Pensar despacio, era la perdición.

Se trata de un proceso finito, pues incluso no llegando a una conclusión se obtenía la misma conclusión. Esta acción se había convertido en un proceso automatizado; propio de la condición humana.

Ahí empezaban las grandes incongruencias del ser humano.

En primera estancia, todos somos animales. Como tales, tenemos el instinto de supervivencia que al activarse ejerce una total supremacía en el sistema nervioso. Teniendo en cuenta lo anterior, se deduce una máxima:

El estado de necesidad, la vida se sobrepone a todo.

Si la vida es imperativo categórico de nuestra existencia… ¿por qué tenemos un botón de autodestrucción? ¿Por qué poseemos la capacidad de sumergirnos en el infierno, anulando nuestra supervivencia?

Quizás sea porque la supervivencia no es tan instintiva como parece. Más bien, una construcción social, un viaducto cultural para fomentar la prevalencia de la especie… ¿Los suicidios, los trastornos de dependencia, la sumisión? ¿No es quizás el instinto de supervivencia, la manera políticamente correcta de referirse al miedo?

No querer estar solos nos lleva a lidiar y soportar límites que jamás, deberían ser superados.

El hecho de no ser aceptado, de sentir querer ser aceptado, nos inclina a hacer de todo llegando a tomar la decisión de escribir The End en nuestras vidas. El sentirnos incompletos, nos hace llamar amor al abuso. Todo por sentir que somos algo para alguien, sentirnos un ser completo al estar con otro… dependientes.

Si de verdad, el instinto de supervivencia, el instinto animal funcionara; no matarían a las mujeres porque habrían sabido huir a tiempo, ser asesinadas por manos de sus parejas pues habrían tenido el valor de ver a tiempo, el gran error.  Ellos… lo dejaré para otro capítulo porque ellas no son las culpables, son víctimas del sistema, este sistema que perpetuamos todos.

El bullying no existiría, porqué tendríamos la suficiente autoestima para no dejarnos comer por nuestras debilidades, empujarnos a la oscuridad por el miedo apartando ese pensamiento: “Sí fuera guay no me harían esto” Falta de cariño, mendigos de amor que por aceptación pagamos lo que sea necesario…

Sí de verdad tuviéramos instinto de supervivencia, no estaríamos anulados. Controlados, domesticados… No, el instinto lo perdimos en la evolución, quién sabe sí antes de la llegada de algún hommo; así nos va.

Alardeando de la racionalidad, pensando a distintas velocidades. Alimentando a nuestros monstruos y no paramos hasta convertirnos en uno.

Culpables; todos.

Así era como terminaba el escrito que Ella acababa de mandar a una web, Marshal leía en silencio, preguntándose qué abismo aún no había conocida de Ella.

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