Ironías de la vida

-¿Alguna vez ha venido el karma a vacilarte delante de tus narices, Marshall?-  Preguntó la chica a Marshall sin dar siquiera las buenas tardes.-

-¿Qué te ha pasado?– Preguntó con cierta curiosidad.

-Te lo estoy diciendo, el karma ha venido a mi cara a vacilarme.– La chica se encoge de hombros.- Así de gratis. Sin más, a modo de ¡ hola!, ¿qué tal?– Se vuelve a encoger de hombros.

-Hay quién dice que en esta vida uno recibe lo que da...-Dice Marshall-

-Bueno… entonces me van a dar por todos lados.– Comienza a reirse de manera sádica.-

-Parece que te resulta un honor…

-Si te parece me voy a poner a llorar… No te jode. Enserio, es poesía pura como la vida es capaz de vacilarte. No estoy de acuerdo que deba ser que lo que uno da es lo que recibe, no es justo porque las circunstancias nunca son las mismas.

-Uno puede cambiar siempre sus circunstancias, ¿no?

-¿Uno siempre tiene valor para ello? ¿Siempre se tienen fuerzas? ¿Acaso siempre estamos listos para la batalla? ¿No necesitamos un tiempo de curación entre herida y herida? Así a modo de reflexión, Marshall…

-Hay quién dice que las cosas que se cuidan no se tiran de repente…

-Dile de mi parte a quién diga eso, Marshall que si alguna vez se ha perdido así mismo… porque créeme que si lo ha hecho alguna vez, no iría diciendo eso…

– ¿Es arrepentimiento lo que veo en tus ojos?

-Es la vergüenza de haberme negado a mi misma, de haber confundido las cosas. De haberlas complicado, de haber sido una drama queen, de coger el camino fácil… Es tener que abrazar a alguien por última vez por mucho que quisieras seguir abrazándole y seguir. No, no es arrepentimiento Marshall. Es la vida y sus estragos. La vida y sus consecuencias, es el precio de elegir.

-¿Y porqué ese camino y otro?

-Porque necesitaba encontrarme cuando estaba perdida…

-¡Ah! Pero… ¿qué no sigues perdida?

Ella sonríe con cierta maldad y le responde.- Para nada Marshall… sólo que tu no te das cuenta.– Sigue con la sonrisa esbozada.– No estás preparado para que sea yo… pero ese no es mi problema.– La chica se encoge de hombros y desaparece.

Marshal se despierta, jadeando y mirando a su alrededor. Ella no estaba, no había venido físicamente.  Lo cuál solo dejaba la opción de que… había aprendido a meterse en su subconsciente. Por primera vez, en mucho tiempo a Marshall se le erizó la piel por ironías de la vida ahora era Él quién tenía algo que temer.

 

 

Imagen obtenida de: Favin

 

 

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