Cinismo Ilustrado

Hubo un tiempo en el que Roma no pagaba a traidores, en el que Nicolás Maquiavelo defendía que el hombre es malo por naturaleza, Nietzshe dejaba claro que “tener fe significa no querer saber la verdad” y por supuesto en el que yo hacía lo que me daba la gana. Eran buenos tiempos… sin duda… ¿porqué no seguían siendo?

Dejando a un lado la diferencia cronológica y otros tecnicismos la metáfora que me acababa de plantear, no era más que una estratagema mental de esquivar el quid del asunto. Cargar con mi existencia, la insaciable existencia.  Ahora, estaba escribiendo siguiendo el consejo de algún profesor que una vez dijo: “Cuando escribimos, vemos en el papel si eso que pensamos es factible o una tontería” quizás me hubiera sentido aliviada si al releerme, creyese que era una gilipollez pero sólo tomaba más consistencia el pensamiento que me rondaba desde hace ya demasiado tiempo.

¿Se puede romper con el pasado? ¿Puedo romper con Marshall? ¿Sospecharía él algo?

Sentía una sensación, casi de desesperanza como sí quisiera o pretendiera extirpar un aledaño de mi ser… ¿Acaso había enloquecido tanto que iba directa a mutilarme? No lo tenía claro o no quería tenerlo pero desde que tenía consciencia de mi ser, Marshall allí había estado. ¿Se merecía eso? ¿Se merecía un hasta nunca o un hasta luego?

Planeando mi conjura, un golpe de estado a gran escala sentí un escalofrío recorrer mi nuca. No, no iba a ser tan sencillo ser libre… O quizás, la libertad siempre había estado ahí a mi alcance y me faltaba valor para aferrarme a ella. ¿Era Marshall el problema o yo era mi problema? ¿Podía ser génesis y fin al mismo tiempo?

Perdida en mis pajas mentales, una mano ¿amiga? se apoya en mi hombro,

-¿Qué tal, resacosa?- Me preguntó Marshall con una cercanía desconocida.

-Consciente, orientada y medianamente colaboradora. ¿Porqué tocas?.- Preguntó Ella con una sonrisa queda, como si segundos antes no hubiera estado maquinando el fin de Marshall… Siendo el perfecto ejemplo de una escena de cinismo ilustrado.

-Por nada en concreto, por saludar. No te creas tan especial…-Le dijo Marshall.-

Sí de especialidades va la cosa… Permiteme que te ignore. Estoy haciendo un examen on-line, tener un futuro me parece más interesante que darte conversación…– La chica se encoge de hombros y sigue con lo suyo.

Marshall asiente sin decir nada mientras su vista se clava en el bote de antipsicótico que yacía al lado de su teclado. Desaparece, sin mediar palabra preguntándose sí había llegado el momento de hablar seriamente con ella o seguir dejando que se haga ilusiones…

 

Imagen de Internet

 

 

 

 

 

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