Cuchillo y herida

“A veces eres herida, otras cuchillo así es la vida hija”

Estaba convencida que aquella frase que le había dicho una amiga no era de su cosecha, pero igualmente era sublime. A su juicio, definía perfectamente lo que era la vida pero la definía aún más. No pudo evitar, hacer una introspección para ver si el cuchillo estaba afilado y cuantas heridas le quedaban por curar.

Claro que esa cita, se quedaba un tanto escueta, porque hay heridas tan envenenadas que jamás sanan y otras que si se tiene un mínimo de instinto de supervivencia no deberían hacerlo, tampoco.

Se fascinaba en pensar las heridas que había podido llegar a causar porque eso significaba, por pura estadística que en alguna había dejado cicatriz y acaso no había nada más bello, no era un gran signo de inmortalidad ¿dejar nuestro paso en el otro? Claro que suponía que había manera y maneras de inmortalidad.

Toda reflexión que roza la quimera que se respete, iba acompañada de una buena ginebra con limonada e hielo. Sentada con los pies encima de la mesa, con la mirada casi perdida no pronunció palabra hasta que no llegó Marshal.

-¿Herida o cuchillo, Marshal?– Preguntó con un tono monótono.

Marshal quién no terminaba por intuir por donde iban los tiros respondió.- Herida, herida pozoñosa.-

Ante la respuesta la chica sonrió fríamente pero en su mirada despertó un brillo de astucia.- ¿Y qué pasa si eres veneno y cura en una sola edición? ¿Si eres cuchillo y herida al mismo tiempo?

-Te autodestruyes.

-Quiero que desaparezcas de mi vida.- La mirada metálica de Ella se clavo en la oscura mirada de Él.

Faltaría más querida, solo tienes que volver a pedírmelo. Pero…  piénsalo durante unos instantes…. ¿Podrás con mi ausencia? No ahora, que te crees fuerte y poderosa sino cuando nadie más te entienda, cuando la oscuridad sea más fría e injusta … Cuando no haya nadie que pueda protegerte de ti misma. ¿De verdad estás preparada?.- Ahora, estaba susurrándole todo aquello en su oído. –¿Preparada para terminar de volverte un monstruo? ¿Para erradicar de un solo tajo la humanidad que queda en ti?- Acaricia con suavidad su mano…- Claro que cuando cruces el otro lado, no habrá nada que impida que no esté a tu lado… ¿De verdad quieres eso? ¿No prefieres seguir siendo libre aunque sea a ratos?-

Desde la última vez que acabó despierta en una UCI no había sentido el tacto de Marshal tan real como aquel instante.  Lo sintió, sintió como todas las suturas de sus heridas se reventaron como las heridas volvían a sangrar. Marshal era un demonio controlado… pero ¿podría ella con los salvajes?

Algún día,  ese lazo mágico que hiciste conseguiré deshacerlo … Y desearás estar muerto.– Rugía llena de rabia y dolor. Desapareció de allí y fue directa al frasquito de haloperidol.  Al terminárselo prácticamente, daba gracias que tomando aquello consiguiera apartarlo durante unos días, días de verdadera paz.  Días en los que se planteaba cuanto tiempo más podría estar esquivando sus verdaderos orígenes y camuflarse en la bendita locura. Días en los las heridas hechas por cuchillos serían sus menores problemas…

 

 

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