La antesala de los muertos

Por alguna macabra razón, siempre había sentido admiración por los cementerios. Lugares cenizos y plomizos que invitaban a perderse así mismo con tal de no tener que asumir, en primera instancia, la pérdida que te había traído allí. No podía evitar sentir cierta fascinación, ante el culto que se realizaba en aquel lugar.

La pérdida, cada cuál la afrontaba de una manera. Había quiénes reían y contaban chistes, quiénes permanecían junto al difunto horas y horas, quiénes dormían bajo el amparo de la frialdad que los muertos solo saben brindar, quiénes preferían estar lo menos posibles, los que preferían no hablar demasiado para que los recuerdos de los demás no dañasen los suyos… Tantas maneras de afrontar una ausencia que resultaba curioso observarlas todas.

Aquella ocasión era diferente, en cierta medida casi preferiría estar en el cementerio y no estar pensando en aquel sitio. La antesala de los muertos.

La antesala era la cámara de tortura más antigua del mundo, ese espacio de espera en el que observas como a un ser querido la vida se le escapa, se le difumina con cada exhalación y no puedes hacer nada. Ves la llama marchitarse pero no pueden apagarla de un soplido sino que quedas a merced de la corriente, de la fuerza de esa corriente para que se decida a apagarla.

Ahí estas tú, a merced de la espera insondable preguntándote ¿y ahora qué? Porque siempre hay un punto y final cuando alguien que te importa se va, se cierra el capitulo de todas las experiencias que has vivido con esa persona y solo se queda una cosa, el vacío. Esa sensación de que te falta algo, algo que solo se llenaba con su presencia y ahora tienes que llenar con tu recuerdo. Ese dolor que solo te deja dos opciones, rendirte y camuflarte en el dolor o seguir adelante. ¿Seguir a donde? A la próxima parada en la que tengas que detenerte a mirar, en otra antesala y el dolor cristalice tus arterias ante la pérdida de otro ser querido.

Te preguntas hasta cuanto podrás aguantar y cuando empezarás a sentir menos para recordar más. Para no conocer a más personas y así, cerrar tu circulo de dolor… Para que en vida, descanses en paz.

*No me cansaré de repetirla…

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